Entre Agujetas y Estrategias: El futuro de la Salud Digital


Mientras Diseñaban Tenis, Redefinieron el Futuro de la Salud Digital en México
No era una mesa técnica.
No había gráficas proyectadas ni cifras comparativas entre sistemas internacionales.
No era un panel de expertos defendiendo posturas institucionales.
Era una dinámica creativa.
Un grupo de líderes del ecosistema de salud —aseguradoras, industria, operadores, tecnología— sentados diseñando tenis.
Suena trivial.
Pero fue exactamente esa ausencia de formalidad lo que permitió que emergiera algo que pocas veces sucede en espacios corporativos: honestidad sin blindaje institucional.
Mientras elegían colores, dibujaban suelas y discutían materiales, comenzaron las preguntas.
¿Qué eliminaría el paciente del sistema actual?
¿Qué barrera impide ejecutar cambios reales?
¿Estamos digitalizando experiencias o simplemente automatizando procesos internos?
¿Estamos esperando la regulación para actuar?
Las respuestas no fueron diplomáticas.
Cuando se habló de lo que el paciente eliminaría, la respuesta fue inmediata: el tiempo. El tiempo de espera. El tiempo en trámites. El tiempo perdido entre ventanillas físicas y digitales que no se comunican. El tiempo que desgasta, frustra y, en muchos casos, retrasa decisiones clínicas.
No fue una discusión técnica. Fue un reconocimiento casi emocional.
Después vino la pregunta más delicada: ¿qué nos está faltando para avanzar?
Nadie mencionó falta de tecnología.
Nadie habló primero de infraestructura.
Las palabras que surgieron fueron otras: egoísmo. Intereses propios. Ignorancia. Falta de compromiso. Falta de visión compartida.
Ese fue el punto de inflexión.
Porque en ese momento la conversación dejó de ser sobre sistemas y se convirtió en un espejo.
El consenso existe. La coordinación no.
A lo largo de la sesión hubo coincidencias claras.
Todos levantaron la mano cuando se preguntó si el paciente debería poder atenderse en cualquier institución con la misma información disponible. La interoperabilidad no generó debate; generó consenso.
También hubo unanimidad al reconocer que el sistema de salud digital está rezagado frente a otras industrias. Nadie defendió la experiencia actual como suficiente.
La mayoría cree que México tiene el talento y la capacidad para convertirse en referente en salud digital en Latinoamérica.
Hay optimismo.
Pero también hay conciencia de que algo no está funcionando.
Cuando se planteó si la tecnología es más importante que la regulación para transformar el sistema, nadie levantó la mano. El mensaje fue claro: el cambio requiere estructura, reglas claras e incentivos alineados.
Y aun así, cuando se profundizó en lo que realmente frena la transformación, el diagnóstico regresó al factor humano.
No es la herramienta.
Es el modelo de incentivos.
No es la capacidad.
Es la falta de visión colectiva.
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Diseñar tenis como metáfora del sistema
El ejercicio creativo terminó revelando algo simbólico.
Un tenis no es solo un objeto. Es diseño con propósito. Es estructura que soporta movimiento. Es equilibrio entre forma y función.
Para que funcione, cada pieza debe estar pensada para un mismo objetivo: permitir avanzar.
Si una parte se diseña pensando en un resultado distinto, el product pierde coherencia.
La salud digital enfrenta un dilema similar.
Cada actor optimiza su propio diseño: eficiencia operativa, rentabilidad, reducción de riesgo, cumplimiento regulatorio, posicionamiento competitivo.
Pero el sistema completo no necesariamente está diseñado alrededor de una sola prioridad compartida: la experiencia integral del paciente.
Digitalizar procesos aislados no equivale a rediseñar el sistema.
Automatizar no es lo mismo que transformar.
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El diagnóstico más incómodo
Quizá el momento más potente de la sesión fue cuando se reconoció algo evidente pero pocas veces verbalizado: el problema no es técnico.
México no carece de talento en desarrollo tecnológico.
No carece de conocimiento clínico.
No carece de capacidad empresarial.
Lo que falta es alineación.
Falta un acuerdo mínimo de hacia dónde vamos.
Falta coordinación entre actores que, aunque comparten discurso, no siempre comparten incentivos.
Falta una visión suficientemente clara como para que el costo de no cooperar sea mayor que el beneficio individual de hacerlo.
La transformación digital no se detiene por falta de software. Se detiene por estructuras fragmentadas.
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Entre regulación y voluntad
La conversación también evidenció un equilibrio delicado.
La regulación es vista como necesaria. Sin lineamientos claros, interoperabilidad obligatoria y estándares definidos, el avance será desigual.
Pero la regulación por sí sola no generará cultura digital.
Y la cultura no puede imponerse únicamente desde la ley.
El ecosistema parece entender que el cambio requerirá tanto marco normativo como voluntad sectorial.
El desafío es que ninguno quiere ser el primero en asumir el costo de mover el sistema si los demás no lo hacen.
Ahí reside la tensión.
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El potencial está ahí
A pesar de la autocrítica, la sesión no fue pesimista.
Cinco de seis participantes creen que México puede convertirse en referente regional en salud digital. Esa confianza no es ingenua; está sustentada en talento, tamaño de mercado y dinamismo empresarial.
Lo que falta no es capacidad.
Es sincronización.
La diferencia entre un ecosistema que innova y uno que lidera está en la velocidad colectiva.
Y la velocidad depende de acuerdos.
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La pregunta que quedó flotando
Al cierre, la reflexión fue simple pero contundente:
No nos falta tecnología.
No nos falta talento.
Nos falta alineación.
Esa frase resume el núcleo de lo que ocurrió.
La transformación no depende exclusivamente de inteligencia artificial, APIs o expedientes electrónicos. Depende de decisiones compartidas.
Depende de aceptar que el paciente debe estar en el centro no solo del discurso, sino del diseño real del sistema.
Depende de entender que, en un entorno fragmentado, nadie gana de forma sostenible.
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Lo que deja esta experiencia
Más que conclusiones técnicas, la sesión dejó una conciencia renovada.
Hay consenso en el destino: interoperabilidad, menos fricción, más acceso, mejor experiencia.
Hay claridad en el diagnóstico: el sistema actual no está optimizado para el paciente.
Hay optimismo sobre la capacidad nacional.
Lo que queda pendiente es transformar esa claridad en acción coordinada.
Mientras diseñaban tenis, los líderes no firmaron acuerdos formales. Pero sí reconocieron públicamente algo esencial: el obstáculo principal no está en el código ni en la nube.
Está en cómo decidimos avanzar juntos.
Y ese tipo de reconocimiento es el primer paso de cualquier rediseño real.
Porque antes de rediseñar plataformas, hay que rediseñar la conversación.
Y esa conversación, finalmente, ya comenzó.
Queremos expresar nuestro agradecimiento a los destacados participantes que nos acompañaron en este evento:
- Iván Peach de Data Team
- David Olvera de GDA
- Areli Martínez de San Pablo
- Santiago March de Fun Salud
- Carla Ruiz de Sofía Salud
- Ricardo Moscu de Qualitas
- Héctor Sigala de Qualitas
- Fátima Zapien de Solventum
- Marlene Rivera de Industria Farmacéutica
- Denisse Vega de Solventum
- Alejandra Castellanos de Trawick International
- Edgar Varela de Medikit
- Michelle López de Medikit
- Bruno Valera de Medikit
Su participación y contribuciones fueron fundamentales para enriquecer las discusiones y avanzar en la construcción de un futuro mejor para el sistema de salud. (Entre Agujetas y Estrategias: El futuro de la Salud Digital)
